viernes, 23 de mayo de 2014

Cien Años de Soledad


En 1982 tuve la primera noticia de que existía Gabriel García Márquez. Yo tenía 13 años y estaba en esa edad en la que parece que el mundo se te revela como algo nuevo y lleno de cosas interesantes por conocer, como si no hubiera existido hasta entonces. Recuerdo que tenía una idea vaga y lejana de los premios Nobel, parecía algo que le daban normalmente a científicos extranjeros por logros incomprensibles para mí. Eran de otra liga. Pero esta vez el premio era para un escritor de habla hispana, parecía a mi alcance, así que me compré el libro.

Por aquella época yo aún tenía en mi estantería cuentos infantiles y novelas juveniles, y apenas me había asomado a la literatura a lo grande. Recuerdo perfectamente lo que sentí al empezar a leerlo: Gabriel García Márquez me acababa de descubrir un universo que ni siquiera pensaba que existía, la magia existía y convivía con la gente en alguna parte de Colombia. Cada página era un deleite, esa forma de describir regiones inhóspitas, personas rotundas y sucesos casi oníricos que parecían suceder de forma normal en aquellas tierras. Las palabras tenían color, olor, sabor y sonido, y no había manera de diferenciar la realidad de la ficción. Quizá no existía. Me he enamorado mil veces de otras historias y personajes, pero si tengo que elegir qué salvaría de una inundación, salvaría esta obra.

Desde entonces ha sido mi libro favorito y sigo poco a poco leyendo cualquier cosa que haya escrito García Márquez. Poco a poco para que no se me acabe.

Ahora ya no está y no seguirá mostrándonos más sucesos de ese mundo que sólo él conoce. Para mí siempre será un guía en ese universo paralelo en el que me gustaría habitar, donde la vida no es absoluta y la muerte no es definitiva, donde el amor y el desamor son a veces la misma cosa, y el destino habita entre las personas con entidad propia.

Quiero pensar que ahora no está aquí pero está allí, y que quizá cuando todo acabe volvamos a vernos en Macondo.


P.D.: La imagen es la portada que yo pensé que sería perfecta para su obra. Espero que os guste.

martes, 24 de julio de 2012

Gente triste



Últimamente estoy rodeada de gente triste, yo misma lo estoy.

Empecé a trabajar joven si lo comparo con lo que es normal ahora; recuerdo  que al principio cualquier cosa era una celebración: Cuando me pusieron la máquina de escribir más grande de la oficina, con cuatro tipos de letra y pantalla de 3 líneas (creo); cuando me trajeron el ordenador y éramos tres personas con uno de esos en toda la oficina; una máquina de encuadernar mejor, una fotocopiadora más moderna; luego la de color… Recuerdo que era fácil dejarse las pestañas trabajando porque veías de forma casi instantánea el premio a tu esfuerzo. Podías ganarte la confianza de compañeros y jefes si demostrabas que eras de fiar; te hacías cargo de la caja porque veían que eras honrada, o te ofrecían trabajo allí donde se trasladaban porque habían visto que trabajabas duro. Era la época dorada, en que avanzabas a medida que te esforzabas.

Ese esfuerzo fue en aumento, y después de conseguir una gran habilidad en lo básico busqué lo siguiente: idiomas, protocolo, software, maquetación, sistemas de archivo, asertividad… todo es poco si puedes hacer tu trabajo más útil, cómodo o fácil. Pero no sabía que eso podía ser un problema. ¿Qué está ocurriendo ahora? Pues que si gracias a la experiencia puedo, por poner un ejemplo absurdo, encuadernar un informe en 20 segundos en vez de en un minuto que sería lo normal, puedo ofrecer un servicio mejor por más rápido. ¿Pero por qué no es ese el resultado? Porque esos ubicuos listillos analistas han pensado ¡anda, pues entonces que encuaderne 3 informes en un minuto!

Este ejemplo tonto es lo que creo que resume por qué la gente está triste. La mayor parte de los que me rodea se ha esforzado por mejorar, y gracias a eso han ido consiguiendo mejores horarios, salarios, puestos o lugares donde trabajar dentro de la empresa. Ese premio al esfuerzo o al trabajo bien hecho ahora  lo llaman privilegio y pretenden que te sientas culpable por tenerlo, deseoso por deshacerte de él, y dedicarte a trabajar a destajo, agradecido de tener un trabajo que hacer.

 ¿Y por qué? No es tan complicado. Cuando las cosas no funcionan del todo bien en una empresa, hay que hacer cambios; no hay manuales de cambios válidos para cualquier empresa, es un trabajo arduo y único en cada una de ellas, de manera que los gestores, directores o lo que sea, se enfrentan a una tarea que los sobrepasa.  Ellos tampoco están preparados para el cambio, no están seguros de que funcionará, no saben compartirlo con los empleados, así que la mejor manera es hacer que los de abajo se sientan culpables. Culpables de lo que han ido ganando, culpables de que sus privilegios hayan podido arruinar la empresa, culpables de que hayan despedido a otro en su lugar, culpables de insolidaridad “con la que está cayendo” (es que me asquea esa frase ya). Eres lo peor por quejarte de que ya no tienes tiempo ni de levantar la vista del ordenador “relaciónate fuera, aquí se viene a trabajar”; y anda que molestarte por no tener luz natural en tu puesto de trabajo, “ni que vinieras a ponerte moreno, aquí se viene a trabajar”, o andar mustio porque ya da igual si lo haces mejor o simplemente lo haces “¿hay que darte besitos por hacer tu trabajo? Aquí se viene llorado…  y a trabajar”.

Por mi parte haré mi trabajo lo mejor posible, siempre lo he hecho, y ni en las peores circunstancias he dejado de esforzarme, es lo que hace que pueda dormir con la conciencia tranquila. Entenderé que los de arriba han gestionado el cambio como buenamente han podido para intentar salvarnos el culo a cuantos más mejor. Quiero pensar que todo el daño moral que están ocasionando es por un bien común. Eso sí, exijo que se me trate como a un adulto, que se comparta conmigo la verdad de la situación de la empresa que estoy ayudando a funcionar, y que no se me ponga delante ninguna cortina de humo de culpabilidad o buen rollo para despistar. Si esto se va a la mierda, que no intenten que piense que es por mi culpa, por tener café gratis o tomarme 15 minutos de descanso.

Y lo peor es que este razonamiento se puede extender más allá, a nivel nacional. También tenemos que sentirnos culpables del bienestar que con tanto esfuerzo habíamos conseguido y pagado, y finalmente somos los ciudadanos los culpables de la situación que vive nuestro país por querer la sanidad que hemos pagado, la educación que hemos pagado, etc.

Pensadlo, porque nos están faltando al respeto y se lo estamos permitiendo.

sábado, 7 de abril de 2012

Acróstico


Al poco de empezar a trabajar en mi actual empresa me fijé en un coche que de vez en cuando estaba aparcado por donde yo pasaba. Me llamó la atención porque estaba personalizado, cada día que lo veía me fijaba en un detalle. Lo primero que me llamó la atención fue el nombre, un precioso “Laura” de plata sobre la pintura cobriza del coche. Se veía que no estaba hecho con las típicas letras que puedes comprar por ahí: Esto estaba pintado a mano, del nombre salían una cinta de plata y otra negra y en cada lado del coche era diferente. También vi que tenía quitasoles laterales con la foto de una chica que me pareció muy guapa. El último detalle que vi es que su nombre era un acróstico, pero nunca me detuve a leer el poema del que salía.

Y me monté mi historia. Pensé que Laura debía tener un novio loco por ella, un novio chapista que en vez de tunearse cualquier chorrada en su coche, había invertido horas en llenar el coche de su novia con pruebas de amor y dulzura. La historia me pareció tierna, romaticona y propia de estos tiempos raros en que te piden salir por sms y se discute por tuenti.

Cada vez que veía el coche me fijaba a ver si la veía, porque tenerlo siempre absolutamente impoluto era, dentro de mi historia, una prueba de cuánto valoraba ella las horas de atención  que su novio le había dedicado a golpe de pintura, y se le tenía que notar en la cara “sí, soy la Laura que ha provocado esta locura”. Pero las veces que lo he visto ocupado ha sido por una mujer más o menos de mi edad.

Hoy he paseado por el parque de La Vega, por donde suele estar el coche, y allí estaba aparcado, perfectamente limpio incluso un día de lluvia, y me he acercado para fotografiarlo y enseñarle a Sergio el coche del que tantas veces he hablado: El poema sólo tenía tristeza, algo no encajaba con mi historia, y en el otro lado del coche he encontrado pintada la dirección de una web que me ha dado muy mala espina www.lauranuestroangel.com

He vuelto a casa a toda prisa y he leído su historia, toda mi absurda fantasía se me ha venido encima como una tonelada de ladrillos, toda la ñoñería se me ha vuelto dolor y lágrimas ardientes en los ojos. No me la quito de la cabeza, ¿Cómo ha podido volverse mi historia de amor en una de enfermedad y sufrimiento?

Aún no sé qué pensar del coche, ¿Quién lo ha mandado pintar con dolor? ¿Qué propósito tiene? Y mientras tanto veo en mi mente la foto de una chica de 15 años que ya no está, y desearía que mi fantasía hubiera tenido una oportunidad de cumplirse.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miedo


Hoy me ha enviado Elena uno de esos videos que parecen una nadería, pero luego te das cuenta de que te remueven por dentro.

En el video se veía a unas personas de diferentes edades y condiciones ayudando a otras personas por la calle, ayudas pequeñas como recoger una cartera que se ha caído, dar un vaso de agua a un obrero en la calle, ayudar a levantarse a alguien que se cae… Ese tipo de cosas que todos sabemos que está bien hacer, pero que en la práctica no hacemos.

http://iniciativadebate.wordpress.com/2012/01/06/algun-dia/

Recuerdo que hace tiempo Sergio me envió la foto de una persona que estaba en el suelo boca abajo, tumbado en la mitad de la Gran Vía, y ninguna de las cientos de personas que pasaron por allí se preocupó de si necesitaba ayuda, o si acaso estaba muerto. Nadie se paró siquiera.

¿Por qué?

Por miedo. Miedo por si está enfermo y nos pega algo, miedo por si es un truco y espera para atacar al que se acerque a ayudar, miedo a que realmente necesite ayuda y tengas que invertir un tiempo que no tienes. El miedo está siendo nuestro maná, que nos cae diariamente desde casi todos los medios de comunicación: Los de izquierdas deben odiar a los de derechas, los de derechas deben temer a los de izquierdas, los ricos deben evitar el contacto con los pobres, los pobres deben desear quitarle su dinero a los ricos, los jóvenes tienen que ver a los viejos como inútiles, los viejos tiene que ver a los jóvenes como estúpidos… Y así una larga lista de gilipolleces que cada día nos ensucian desde los pretendidos programas de opinión de nuestra anti-plural televisión, y nos llega a gritos desde los titulares alarmistas de nuestros anti-objetivos periódicos.

Todos esos medios han aprendido que una persona con miedo es manejable, nada peor que alguien libre de temor, lo mismo le sobra tiempo para pensar y la lía. Lo suyo es que esté muy ocupado pensando que a lo mejor su jefe quiere despedirle, o que el sudamericano de su portal quiere robarle cuando salga de casa, o que el catalán quiere arruinarle, o que los fabricantes de leche quieren meter productos hipnóticos para controlar su mente.

Tenemos una naturaleza crédula y aceptamos como cierto lo que nos llegue sobre todo desde televisión o prensa, sin acordarnos de que en realidad no nos informan, sino que nos dan su particular versión de lo ocurrido, bien pasadito por el filtro de sus ideologías políticas, su “dueños” y sus propios miedos.

Me gustaría que un mundo mejor fuera real, porque ya sé que es posible. Tenemos en nuestro interior tanta bondad como maldad, de forma que podríamos elegir la bondad incluso por simple practicidad. Si alguien nos quiere hacer mal, lo hará; si ha de llegar una súper crisis, llegará, y si nos quieren drogar los lecheros, finalmente encontrarán cómo hacerlo. Nuestro miedo nunca evitará que ocurran cosas malas, pero quizá la bondad nos una más y sí podamos sortear alguna de ellas.

Apaguemos la tele, salgamos a pasear, juguemos al parchís con nuestros amigos, hagamos carreras de chapas con nuestros niños, aprendamos nuevas recetas de cocina… Hagamos con nuestro tiempo cualquier cosa que añada alegría y vida a nuestro día a día y aparquemos el miedo hasta cuando sea realmente necesario.

martes, 4 de octubre de 2011

Mi Dani


Me voy dando cuenta de que la vida está llena de retos, es algo casi constante. Cada viernes me tomo unos minutos para hacer un resumen de lo que ha ocurrido en la semana, en ocasiones comparo con lo que esperaba, y la mayor parte de las veces no tienen nada que ver.

Cuando Esther me dijo que esperaban el segundo bebé (bueno, en realidad me lo dijo mi madre), justo después de la alegría me llegó el miedo ¿Podría quererlo como a Irene o aunque fuera la mitad? Cuando veía las ecografías no podía evitar comparar, era como si no consiguiera darle su propio protagonismo. Y el día que nació encima me pilló de vacaciones y no podría conocerle hasta el día siguiente… más nervios.

Pero cuando entré en la habitación de la clínica y vi los mofletes rosados, esa carita tan tranquilla y su voz de gatito perdido, pareció como si de repente se abriera otro manantial de cariño, uno sólo para él, y descubrí que también le quería como a nadie en el mundo.

Ya no tengo miedo, disfruto todo lo que puedo de Irene y achucharé a Dani mientras esté indefenso. Me encanta ver cómo crecen y cómo me sorprenden cada vez que los visito. No hay nada comparable.


Nosotros versus el resto


Ayer estaba viendo un vídeo en el que un orangután mojaba en el agua una toalla, la escurría y se refrescaba después con ella la cara y los brazos. Era hipnótico, no podía dejar de asombrarme de lo parecidos que eran sus gestos a los nuestros. De ahí pasé a otro en el que otro orangután buscó la manera de salvar un pajarillo que había caído del nido al agua; y luego otro en el que un gato le daba un masaje cardiaco a su compañero hasta salvarle la vida, y el del perro que arrastra fuera de la carretera a su compañero atropellado.

Estaba viendo comportamientos de inteligencia y ternuras inigualables en animales que se suponen que ni piensan ni sienten como nosotros. Y eso ¿quién lo dice? Supongo que los mismos que nos hemos pasado la vida rectificando verdades absolutas acerca de todo.

Y de repente me sentí muy mal. El orangután de la toalla y el del pajarillo estaban en un zoo, encerrados de por vida en una cárcel de imitaciones, con rocas de mentira, agua que no es un río, troncos que no son de árboles vivos. ¿Por qué? ¿Por qué nos creemos con derecho a decidir acerca de la vida y la libertad de otros seres? Habrá quien me diga que esa es la única forma de ver de cerca determinados animales. Pero hay muchas otras cosas que tampoco tenemos cerca: Nunca he visto de cerca a un Premio Nobel, a un actor de Hollywood o al constructor del colisionador de hadrones ¿Qué, los metemos en una jaula con horario de visitas?

Creo que ha llegado el momento. Ahora tenemos más información, más deprisa, más actualizada, ya no vale el “no sabía nada”, podemos saber cuanto queramos y más. Todo está a un clic. Ya no se trata de luchar contra el Toro de la Vega, contra la Cabra del Campanario, se trata de respeto y de humildad: Podemos comer carne, pero debemos darle a esos animales una vida y muerte dignas, y si eso nos lleva a tener que comer menos cantidad de carne… pues se come menos cantidad; podemos comer pescado, pero debemos respetar su ciclo de vida y no esquilmar las especies; podemos comer verduras y frutas, pero debemos hacerlo en su fecha y respetando su naturaleza sin llenarlos de mierda para crezcan más y fuera de su época. Y como esos, mil ejemplos de inconsciencia y suicidio colectivo.

Ahí fuera en el espacio la desolación es absoluta, hace mucho frío, no hay aire ni alimento, no hay sonidos, no hay protección contra la radiación. Todo eso lo tenemos aquí, en la Tierra, nos lo proporcionan las plantas y los animales en esa preciosa sinfonía de la vida tan bien ajustada, y creo que deberíamos ser agradecidos y respetuosos. No, el planeta no está a nuestro servicio, ni el espacio está vacío para que lo llenemos de chatarra. Ahora mismo somos la nota disonante de la partitura, así que reorganicemos nuestra actitud y comportémonos como esa pequeñísima parte de un todo gigantesco e incomprensible, pero hermoso.

Os dejo un enlace que ya conocéis y que explica mucho mejor la idea:

http://www.youtube.com/watch?v=a_urxI9L5Ak&list=FLuKbMyEr5Aq_3E7D8wKa1JQ&index=37

martes, 21 de junio de 2011

De derechas


Qué complicado es hoy en día saber si eres de izquierdas o de derechas, porque claro, cuando yo me lancé hacia uno de los lados aún eran diferentes, coherentes con su condición, consecuentes. Supongo que con el tiempo los partidos se debieron dar cuenta de que todas esas mandangas de coherencia y consecuencia salían poco rentables, decidieron soltar lastre y tiraron por ahí lo que les pesaba: Los principios. Si hacemos un ejercicio de objetividad podremos ver cómo todos ellos han ido arrimándose al sol que mas calienta y tomando políticas de izquierdas o de derechas no según sus ideales, sino según los mandatos del voto, y así hemos llegado a este punto en que lo mismo uno de izquierdas te jode la pensión como uno de derechas mejora tus condiciones laborales.



Pero lo más triste no es eso. Lo verdaderamente lamentable es que mientras los partiduchos que ahora nos representan han ido diluyendo sus principios hasta adaptarlos a “lo que se lleva”, la gente ha ido extremando las diferencias, hasta pasarse de rosca. Somos tan zoquetes e incultos que llamamos fascistas a los de derechas, como si fueran sinónimos, y que los de izquierdas, liberales, avanzados, el futuro del mundo, insultan a alguien por ser de derechas.


Yo siempre me he considerado de izquierdas, pero de la de hace 100 años, nada que ver con la pandilla de zotes metepatas que pueblan los medios. El progresismo de izquierdas tiene un fundamento en su base: El respeto ¿Qué teméis de los de derechas? ¿Qué sean intransigentes, dictatoriales, abusones? Y ahora decidme, ¿Cómo llamaríais a alguien que insulta a una artista por reconocerse de derechas? ¿Cómo vais a llamar a los que quieren tapar todas las bocas que no son de izquierdas? ¿Y los que llaman fascista a cualquiera que no piensa como ellos?


A mí me faltan las palabras, reconozco que la rabia me limita el vocabulario porque estos personajillos están haciéndole un flaco favor a la verdadera izquierda. No son nada, no saben nada, y si no respetan a los demás, para mí no valen nada.


Un ejercicio para los cortos de miras, estudiad la verdadera dimensión de las palabras más hermosas: igualdad, democracia, pluralidad, respeto. Y hasta que no sepáis lo que significan quizá deberíais estar calladitos, que sube el pan.

viernes, 27 de mayo de 2011

P.I.I.G.S.



Recuerdo la sensación que tuve cuando me enteré de que éste acrónimo era con lo que en los medios financieros se refieren a un grupo de países, el mío entre ellos. Me pareció de tan mal gusto, tan cruel y desconsiderado que estuve planteándome seriamente que tenía que ser una casualidad desafortunada, nadie podía ser tan despreciable como para usar este término públicamente y sin ningún rubor. Pero era verdad, nos llamaban cerdos a la cara sin ningún problema, seguros de que no teníamos armas para contraatacar o protestar por tal desconsideración. Y me lo apunté mentalmente.

Al cabo de los meses llega el vídeo ese tan graciosito del sueco que mofa de la productividad española.


Qué rabia me dio, encima de que no podemos hacer el trabajo y marcharnos, que a la mayoría de jefes les gusta verte ahí; encima de que tenemos a las abuelas de nanis porque por cojones hay que hacer jornadas infinitas con dos horas para comer; encima de que no te puedes permitir vida social, va el sueco y sin más nos pone de perros. Y es que manda huevos porque precisamente con la tasa de suicidio que hay en su país, dirán que son más productivos pero algo huele a muerto por dentro ¿no? Pero me lo apunté mentalmente.

Más cosas que me apunto: La cara de suficiencia de Merkel, el despotismo de Sarkozy, las manifestaciones en marzo de nuestros vecinos portugueses, los islandeses le dan capones a su gobierno, nuestro gobierno se arruga ante el presidente norteamericano…

Haciendo recuento de los pocos conocimientos básicos que recuerdo acerca del nacimiento de nuestra cultura y de las raíces de la mayoría de las lenguas de nuestro continente, creo que es aproximadamente en esa zona que ocupamos los P.I.I.G.S. donde empezó todo, y ahora somos el hazmerreir de Europa, de esa Europa que tanto le debe al Mediterráneo. Y la verdad es que no me molesta tanto el acrónimo como la falta de respeto que supone, la actitud negativa que conlleva hacia tantos millones de personas que poblamos esos países apestados. ¿Unión Europea? Pero si están creando pandillas hombre, menudos sinvergüenzas maleducados.

Y ahora que veo el movimiento 15M, que la gente tiene ganas de cambio, quizá sea el momento de pensar hacia dónde queremos cambiar.

Es obvio que intentar ser como Alemania o Reino Unido no podemos, es más, ¿por qué tenemos que intentar ser como ellos? ¿Por qué lo que es bueno para ellos ha de serlo para nosotros? Es que hasta nos critican porque no hablamos bien inglés, ¿Y qué otra cosa hablan los ingleses aparte de su idioma?  ¿Y los franceses? No he oído comentario alguno al respecto.

A lo que quiero llegar es que cada una de esas naciones tan fuertes económicamente lo son porque han sabido encontrar su sistema para el éxito, basado en cómo funcionan ellos, sus pueblos y sus mentes. Creo que nosotros debemos buscar nuestra identidad, el modelo económico que funciona aquí, en Grecia el que funcione allí, etc., y hacerlo valer. La productividad es algo relativo, y tenemos que encontrar nuestro propio equilibrio. Ya sé que está inventado todo en economía… hasta que se invente lo siguiente, como todo, pero lo que es absurdo es que intentemos tener la economía de Alemania. No estamos en Alemania. Intenta basar su economía en los ingresos por turismo a ver qué tal les va.

Deberíamos olvidar nuestros complejos y recordar que si nuestros pueblos alguna vez fueron imperios, no será porque somos todos idiotas, pese a que se esté trabajando duro por ahí fuera para hacérnoslo creer.

Volvamos a tener fe en nosotros mismos, volvamos a seguir nuestro camino y no el de otros, respetémonos para que nos respeten, porque jamás tendremos éxito intentando ser algo diferente de lo que somos.

lunes, 14 de marzo de 2011

No todo vale

Sigo impactada, desde ayer que no pienso más que en Sharon Tate.


Imaginaos que estáis leyendo un dominical, lleno de cosas variadas  no demasiado densas. Un poco de moda, algo de actualidad, curiosidades sobre cuadros radiografiados, chorradas sobre el polvo, y de repente la foto en color del cuerpo sin vida de Sharon Tate.

El artículo versaba sobre el libro que han publicado con las impresiones del médico forense que tuvo que investigar la muerte de algunas celebridades, entre las que estaba Sharon. Ya simplemente las partes del libro en que se describe lo que el doctor encontró al llegar ponen los pelos de punta, pero la foto... no sé qué habrán sentido las mujeres embarazadas de ocho meses que la hayan visto. Yo me acordé de todas las que conozco y se me encogió el alma.

No sé qué me pareció más monstuoso, si la propia imagen que realmente te da ganas de llorar y gritar al mismo tiempo, o ver su desnudez, su muerte y la de su hijo puestos en el domincal de un periódico como una mercancía a mostrar como reclamo.


Os aseguro que sentí tanta rabia contra la lerda que lo publicó que si en ese momento hubiera tenido la oportunidad, le quito hasta la carrera de periodismo ¡Zas! A tomar por el culo, no te mereces escribir para otras personas.


¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es posible que alguien se plantee siquiera publicar la foto de una persona muerta? Quizá nos estamos acorchando o, parafraseando al gran Antonio Carreira, nos estamos "agusanando", eso nos decía. Carreira decía que estábamos volviéndonos como los gusanos: sin orejas, porque para lo que hay que oir..., sin ojos, porque para lo que hay que ver... Y eso hace casi treinta años, que aún teníamos pudor ante las desgracias. Luego todo empezó poco a poco a ir a más, a peor. Al principio recuerdo que avisaban "Advertimos que las imágenes que verán a continuación podrían herir su sensibildad..." Ahora ni avisan, sin más te muestran una pila de cadáveres sobre un carro de bueyes en Irak mientras el periodista nos da la noticia del atentado, tan parecido a todos los curridos desde hace tantos años; o mientras te explican lo torrencial de una crecida del río ves cómo el señor de turno que pide ayuda atrapado en su coche es arrastrado y tragado por la corriente, o cómo un grupo de energúmenos abate a tiros a una osa que había entrado en una población en busca de comida.


Pero me niego a no sentir. Exijo que la muerte de cualquier ser vivo siga siendo una tragedia, tanto si es el Papa como si es un pino mediterráneo. No quiero ver esas imágenes en los telediarios, no quiero que sea cotidiano, habitual y ordinario, porque eso hará que en breve me de igual y que me vuelva indiferente.


Nada es más cruel que la indiferencia


 

domingo, 9 de enero de 2011

Wikileaks


De un tiempo a esta parte he venido echando de menos aquella época de la guerra fría en que los secretos lo eran, porque últimamente no hago más que oír, incluso antes del Assange, una increíble variedad de detalles acerca de asuntos de alto secreto y, la verdad, me resulta chocante. Es como el chiste ese en que un adivino pregunta quién está llamado a la puerta, “pues vaya mierda de adivino”... Pues vaya mierda de secretos, que hasta salen en los telediarios.

Me cuesta decidirme si debe haber secretos o no, y también me cuesta decidir si es seguro o recomendable sacarlos a la luz sin más. A veces pienso que nosotros, esa masa bruta que formamos la opinión pública, somos como una fuerza de la naturaleza, no siempre buena, no siempre justa, y que dejar determinados detalles ante nuestros ojos podría causar más problemas que beneficios. Recordad que, por poner un ejemplo, cuando sale en las noticias que alguien ha sido acusado de algo, directamente lo consideramos culpable. Pues imaginemos lo que puede ser con algo a gran escala, en manos de la masa embrutecida en la que nos convertimos en cuanto somos más de 10. Me temo que es un asunto que aún tendré que meditar mucho, porque ni me gustan los secretos ni le tengo fe a la opinión pública. Mala combinación.

Pero lo que sí tengo claro desde un principio es qué me parece la que se ha montado alrededor de este tema, la persecución salvaje, las acusaciones al límite, el cierre de cuentas bancarias, de medios de pago como paypal… Eso me ha llegado al alma.

Seguramente muchos recordaréis que cuando hablo de Suiza se me hinchan las venas del cuello porque recuerdo de lo que viven: de ser uno de los paraísos fiscales. Y en un paraíso fiscal, además de la fortuna de personas que habrán amasado su dinero de forma lícita, está todo el dinero de los capos de la mafia, de los más grandes vendedores de armas y drogas, de los extremistas islamistas, y toda clase de seres despreciables que caminan por el mundo. Desprecio la ganancia conseguida por custodiar ese dinero porque cada billete tiene una historia trágica de represión, abuso o muerte.

Pero ningún gobierno pide que se les cierren esas cuentas, nadie prohíbe que se ganen millones con su dinero, a nadie le molestan los muertos que habrán quedado por el camino hasta llegar esos billetes hasta Suiza. Eso sí, que un fulano guarde ahí su dinero para poder seguir publicando información mal guardada (me niego a llamarlo secretos), eso es imperdonable hombre, hay que meter a este tipo en la cárcel como sea, acusándolo de lo que haga falta.

¿Dónde está la cordura? ¿Por qué no veo detenciones en masa de curas que se han pasado décadas abusando de críos? ¿Por qué ni una noticia de las muertes casi a diario producidas por la Camorra? ¿Por qué pueden morir decenas de personas cada día en México sin haber una guerra? ¿Por qué puede morir un niño africano de hambre cada pocos minutos y nadie les quita a sus dirigentes los millones que tienen guardaditos en Suiza?

Y esto ya no es una injusticia, esto es una tomadura de pelo. Montar la de Dios porque un tío descubre los trapos sucios de cuatro politicuchos que nadie recordará dentro de 20 años, de sus intrigas rancias, de sus trapicheos de tres al cuarto. En realidad no se están revelando secretos de Estado, sino lo malos políticos y personas son los monos que dirigen este cachito de mundo, y que sólo parecen más listos porque sus triquiñuelas estaban bien guardadas. Pues bien, hay un nuevo Sheriff en la ciudad, y en adelante habrá que cambiar el lenguaje: negociación en lugar de trapicheo; diplomacia en vez de intriga, y asumir responsabilidades en vez de esconder la metedura de pata debajo de la alfombra.

sábado, 8 de enero de 2011

Fumar es un placer...



O eso cantaba Sara Montiel. Ahora se ha convertido en la espina dorsal de la existencia de algunas personas, llegando al punto de enfrentarse a multas millonarias por defender lo que algunos insisten en llamar costumbre.

Yo creía que a estas alturas ya sabíamos todos la diferencia entre una costumbre y una adicción; también creía que estábamos de acuerdo en que el tabaco es cancerígeno y que es mejor no empezar que tirarte media vida intentando dejarlo. Pero no, acabo de cerciorarme de que hay gente que estos días se ha tomado el tabaco como uno de esos derechos constitucionales que nadie reclama ¿Alguien ha sido convocado a una protesta para exigir vivienda, trabajo o sanidad dignas? Pero sí he visto manifestaciones exigiendo el derecho a hacer botellón o para que los homosexuales no tengan derecho a ser considerados familias.

Todo es cuestión de educación, de buena educación. ¿Qué son más los fumadores que los demás adictos? ¿Acaso nos agradaría que nuestros hijos vieran a alguien poniéndose una raya o un pinchazo de heroína? No, no, no se me escandalice nadie, que al fin y al cabo ellos no me pasan a mi parte de su veneno en forma de humo. Si la adicción a la cocaína no la admitimos por destructiva, por mal ejemplo, ¿Por qué tenemos que aceptar compartir el humo de otro adicto? ¿Por qué su comportamiento ha de verse como algo cotidiano y normal por los críos? ¿Es que alguno de esos fumadores que han llegado a agredir a otros por defender su derecho a fumar en lugares cerrados, sería capaz de animar a sus propios hijos a empezar con el cigarrillo? ¿Lo haría? ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que esta agresividad sólo se produce al intentar enfrentar una adicción?

Seamos sensatos y no saquemos las cosas de quicio: Fumar, alcoholizarse o cualquier actitud que no traiga absolutamente ningún beneficio para nuestro cuerpo, y sí unas cuantas pedradas a nuestro cerebro, son comportamientos que debemos hacer lo más en privado posible (por mí, cada uno que haga lo que quiera en su casa) para que, por una parte, otros no conozcan ni usen nuestra debilidad (cualquier adicción nos pone en manos de los demás) y, por otra, no demos la oportunidad de que los más jóvenes imiten una actitud indeseable.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Tiempo de dar


Es Navidad, una época especial que nos da oportunidades especiales. Cualquiera que me conozca sabe que no soy creyente, lo especial de estos días para mí no tiene nada que ver con religión alguna. A estas alturas, la Navidad se ha convertido en un derecho de todos, en una ilusión compartida por quien quiera, independientemente de las creencias de cada uno. En mi caso representa esa oportunidad de cambiar, de aprovechar el ambiente festivo, pero ¿aprovechar para qué?

Podemos aprovechar para comprobar cuánto mejor se siente uno si se esfuerza por ser positivo, por estar de buen humor, por dejar de mirarse el ombligo y hacer algo por otro, por compartir un poco… Imaginaos lo que podría ser nuestra vida si, pasada la Navidad, mantuviéramos actitudes típicas de estas fechas, si tuviéramos más paciencia, si enviáramos sms’s cariñosos y llenos de buenos deseos  a nuestros seres queridos porque sí. Estaría genial.

Aunque esa es sólo mi visión de la Navidad. Hay otra.

Veo personas impacientes y maleducadas pisoteando a quien haga falta por conseguir el juguete que prometió; veo comerciantes usureros que hacen el agosto en pleno diciembre; veo personas llenando centros comerciales a las 11 de la noche en la Noche de Reyes…

No podemos cambiar el mundo, pero podemos cambiar el nuestro, ese palmo cuadrado que nos rodea y en el que pueden influir nuestros principios y creencias.

Las tiendas y centros comerciales están abiertos hasta muy tarde cada día y todos los domingos en estas fechas. Honestamente creo que no es necesario tener gente trabajando la Noche de Reyes, me parece egoísta. Quizá podrían cambiar el horario de esos trabajadores si no tuvieran las ventas esperadas ¿verdad?

Pasa cualquier desgracia en el otro lado del planeta, y nos secamos el bolsillo con tal de mandar lo que sea para ayudar. Eso es algo admirable, pero no hay que irse a otro continente, país o ciudad para ser un poco más solidario cada día. A veces basta con mirar al vecino, al chico que vende pañuelos en el semáforo, a esa compañera tan callada. A ver si va a tener que venir una ONG de Canadá a ayudarlos a ellos.

Mi deseo para el 2011 es que no se acabe el tiempo de dar, mi Navidad, que no intentemos siempre arreglarlo todo con dinero, que a veces basta una llamada, ayudar a tu vecina a subir las bolsas de la compra, escuchar a un desconocido en el parque, decirle a tu hermano cómo ha mejorado tu vida, o adoptar un cachorro sin pedigrí.

¡Feliz 2011!